Introducción
Durante mucho tiempo, la gratitud se consideró únicamente una práctica emocional o espiritual, asociada con tradiciones filosóficas y religiosas de diversas culturas. Sin embargo, en las últimas dos décadas, la ciencia del bienestar ha comenzado a revelar algo inesperado: las emociones positivas no son solo estados mentales pasajeros, sino que pueden tener efectos fisiológicos medibles en nuestro organismo.
Uno de los campos más prometedores en esta investigación es el impacto de la gratitud en el sistema cardiovascular. Estudios recientes han demostrado que prácticas simples, como llevar un diario de gratitud durante unos minutos al día, están siendo evaluadas en ensayos clínicos controlados por su capacidad para influir en marcadores clave como la presión arterial, la variabilidad de la frecuencia cardíaca (HRV) y los niveles de inflamación sistémica.
Lo que hace especialmente relevante esta línea de investigación es su accesibilidad: no requiere medicamentos, equipos especiales ni grandes inversiones de tiempo. Se trata de una intervención conductual de bajo costo que podría complementar las estrategias tradicionales de prevención cardiovascular. Pero, ¿qué dice realmente la evidencia científica? ¿Es la gratitud solo una sensación placentera, o realmente puede impactar la salud del corazón?