Diversos estudios científicos muestran que la exposición a entornos naturales puede reducir el estrés, mejorar el estado de ánimo y favorecer la salud mental.
Durante gran parte de la historia humana vivimos en contacto directo con la naturaleza. Sin embargo, en el mundo moderno muchas personas pasan la mayor parte del día en entornos urbanos, interiores y altamente estimulantes.
Esto ha llevado a una pregunta interesante para la ciencia del bienestar:
¿Puede el contacto con la naturaleza mejorar nuestra salud mental?
En los últimos años, múltiples estudios han explorado cómo la exposición a espacios verdes —parques, bosques o incluso zonas urbanas con vegetación— influye en el estrés, el estado de ánimo y la función cognitiva.
Los resultados sugieren que pasar tiempo en entornos naturales puede tener efectos medibles en nuestro bienestar psicológico.
White, M. P., Alcock, I., Grellier, J., et al. (2019).
Spending at least 120 minutes a week in nature is associated with good health and wellbeing.
Revista: Scientific Reports
DOI: https://doi.org/10.1038/s41598-019-44097-3
Este estudio analizó grandes muestras poblacionales para evaluar la relación entre tiempo en la naturaleza y bienestar.
Los investigadores encontraron que:
Este resultado sugiere que el contacto regular con entornos naturales puede ser un factor relevante para la salud mental, especialmente en poblaciones urbanas.
La investigación propone varios mecanismos posibles.
Diversos estudios han encontrado que la exposición a entornos naturales puede asociarse con menores niveles de cortisol, la hormona del estrés.
La teoría de restauración de la atención propone que los entornos naturales permiten que el cerebro descanse de la sobrecarga cognitiva típica de los entornos urbanos.
Los paisajes naturales suelen presentar estímulos visuales y auditivos más suaves y predecibles, lo que favorece estados de relajación.
La exposición a luz natural es un factor clave en la regulación de nuestros ritmos circadianos.
Los ritmos circadianos son ciclos biológicos de aproximadamente 24 horas que coordinan procesos fundamentales del organismo, incluyendo el sueño, la temperatura corporal y la liberación de hormonas.
Uno de estos procesos es el ritmo diario del cortisol, conocido como cortisol awakening response. En condiciones normales, el cortisol aumenta por la mañana para ayudarnos a despertar y disminuye gradualmente durante el día.
La exposición a luz natural —especialmente en las primeras horas del día— ayuda a sincronizar este reloj biológico interno. Cuando este sistema está bien regulado, el organismo puede manejar mejor el estrés y mantener un equilibrio hormonal más saludable.
En este sentido, pasar tiempo al aire libre no solo implica contacto con la naturaleza, sino también una mayor exposición a luz natural, lo que podría contribuir indirectamente a una mejor regulación del estrés y del bienestar general.
Uno de los hallazgos más interesantes del estudio es que no se requiere una cantidad extrema de tiempo.
120
minutos por semana
ya se asocian con mejores indicadores de bienestar
Esto puede lograrse mediante actividades simples como:
Incorporar naturaleza en la vida cotidiana puede ser más sencillo de lo que parece.
Algunas estrategias prácticas incluyen:
Durante la semana, incluso 15-20 minutos cuentan.
Planifica una salida breve a un bosque, playa o zona verde.
Ocasionalmente, cambia el indoor por un espacio al aire libre.
Tu hogar u oficina pueden beneficiarse de más verde.
Lo importante parece ser la regularidad del contacto con entornos naturales.
"En un mundo cada vez más urbano y digital, la naturaleza puede actuar como un regulador silencioso de nuestro bienestar."
A veces mejorar nuestra salud mental no requiere añadir más estímulos, sino volver a entornos que el cerebro humano reconoce desde hace miles de años.
La evidencia científica sugiere que el contacto regular con espacios naturales puede contribuir a reducir el estrés y mejorar el bienestar psicológico.
Quizás una de las intervenciones más simples para mejorar nuestra salud mental sea también una de las más antiguas:
pasar más tiempo al aire libre.
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